Gracias por abrirme un rincón de tu historia,
por las risas que cabían en una tarde breve,
por los miedos que me confiaste como quien entrega luces.
Gracias por los sueños que rozaron nuestras manos,
por las conversaciones que estiraron la noche hasta el alba,
y por los silencios —ese idioma sin traducción—
que hablaban claro y nos dijeron quiénes éramos.
Gracias por las veces que fuimos compañía sin promesas,
por la ternura sin etiquetas, por el cuerpo y por la palabra,
por esos encuentros que fueron isla y puerto a la vez.
Gracias por volver a verme este año sin preguntas,
por la simpleza de una amistad que sabe contenerse,
por las comidas compartidas, por el café y las miradas.
Gracias por dejarme entrar sin robarte el tiempo,
por enseñarme que el cariño puede ser libre y discreto,
por cada risa que hoy llevo como una medalla liviana.
Si algo quedó de nosotros, que sea gratitud:
un latido breve, un relato que guardo con cuidado,
un pedacito de tu historia que me honra haber conocido.
Autor José H. Contreras P.
Barinas lluviosa 15 de Junio 2026
Dedicado a una mujer a quien cariñosamente he llamado: Doña Ana Barbara.
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